Pastelillo de naranja vietnamita: el dulce crujiente que conquista Vietnam
Cuando visitamos Hanói o Ciudad Ho Chi Minh, es difícil resistirse al aroma irresistible de los puestos callejeros donde se preparan dulces tradicionales recién fritos. Entre ellos destaca el pastelillo de naranja vietnamita, conocido localmente como banh cam, una de las especialidades más apreciadas de la gastronomía popular vietnamita. Su fina capa exterior dorada y crujiente, cubierta de semillas de sésamo tostadas, contrasta a la perfección con un relleno suave y ligeramente dulce que cautiva a locales y viajeros por igual.
Aunque suele traducirse como “pastelillo de naranja”, su nombre en vietnamita hace referencia principalmente a su forma redonda y a su color dorado, similares a los de una naranja madura, y no a la presencia de cítricos en la receta. Reconocido por CNN Travel entre los 30 mejores platos fritos del mundo, el banh cam es una delicia imprescindible para quienes desean descubrir los sabores auténticos de Vietnam.
¿Qué es el pastelillo de naranja vietnamita?
El significado del nombre banh cam
El banh cam es uno de los dulces fritos más apreciados de la gastronomía vietnamita. Su nombre significa literalmente “pastelillo de naranja”, aunque esta especialidad no contiene zumo ni pulpa de naranja entre sus ingredientes. La denominación proviene de su apariencia: una vez frita, la masa adquiere un tono dorado anaranjado muy similar al color de esta fruta.
Dependiendo de la región, este pastelillo recibe nombres distintos. En el norte de Vietnam, especialmente en Hanói, se conoce como banh ran, mientras que en el sur es habitual llamarlo banh cam. A pesar de estas diferencias terminológicas, ambos hacen referencia a un mismo concepto culinario: una esfera de masa de arroz glutinoso cubierta de semillas de sésamo y frita hasta alcanzar una textura ligera y crujiente. Algunas variantes pueden presentar pequeñas diferencias en el relleno o en el tamaño, pero conservan la esencia de este popular tentempié vietnamita.

Un clásico de la comida callejera vietnamita
El banh cam forma parte del paisaje gastronómico cotidiano de Vietnam desde hace generaciones. Es frecuente encontrarlo en mercados tradicionales, puestos ambulantes y pequeñas tiendas familiares, donde se vende recién hecho y aún caliente. En ciudades como Hanói, muchas personas lo disfrutan como merienda de media tarde, acompañado de una taza de té, mientras que en el sur suele ser un refrigerio rápido para llevar.
¿Cómo se prepara el pastelillo de naranja vietnamita?
El proceso de elaboración del pastelillo de naranja vietnamita combina recetas tradicionales con técnicas precisas de fritura que permiten obtener su característica corteza dorada y crujiente, así como un interior ligero y aromático. Aunque existen variaciones regionales, la preparación sigue una serie de pasos fundamentales que han pasado de generación en generación.
Elaboración del relleno
El relleno más habitual del banh cam se prepara a partir de judías mungo peladas. Primero se cuecen al vapor o en agua hasta que estén completamente tiernas y, posteriormente, se trituran hasta obtener una pasta fina y homogénea. A continuación, esta mezcla se cocina a fuego suave con azúcar para potenciar su dulzor natural y conseguir una textura más consistente.
En algunas recetas familiares se añaden ingredientes aromáticos como vainilla, coco rallado o unas gotas de esencia de jazmín, aportando matices delicados al sabor final. Una vez lista, la pasta se deja enfriar y se divide en pequeñas porciones redondas que servirán de relleno para cada pastelillo.

Formación de las bolas de masa
La masa exterior se elabora principalmente con harina de arroz glutinoso, combinada en ocasiones con una pequeña cantidad de harina de arroz común para mejorar su estabilidad durante la fritura. Algunos cocineros incorporan puré de patata o de taro, un truco tradicional que ayuda a mantener la masa tierna y flexible incluso varias horas después de cocinarla.
Tras reposar la masa, se divide en porciones individuales que se aplastan suavemente con las manos. En el centro se coloca una bola de relleno de judía mungo y se envuelve cuidadosamente, sellando bien los bordes para evitar que se abra durante la cocción. Es importante dejar un pequeño espacio de aire entre la masa y el relleno, ya que esto favorece que el pastelillo se expanda y adquiera su característica forma esférica.
Finalmente, cada pieza se humedece ligeramente y se recubre por completo con semillas de sésamo blanco, responsables del aroma tostado y del aspecto inconfundible del banh cam.
La fritura perfecta
El secreto para preparar un auténtico pastelillo de naranja vietnamita está en controlar la temperatura del aceite. Si el aceite está demasiado caliente, el exterior se dora con rapidez mientras que el interior puede quedar compacto; si está demasiado frío, la masa absorbe demasiada grasa.
Por eso, los banh cam suelen freírse primero a temperatura media, removiéndolos constantemente para que se inflen de forma uniforme. A medida que aumentan de tamaño, se sube ligeramente la temperatura del aceite para conseguir una corteza más crujiente y un bonito color dorado.
Gracias a esta técnica de fritura gradual, el banh cam obtiene una capa fina y quebradiza que contrasta a la perfección con su relleno suave y dulce, una combinación que lo ha convertido en uno de los dulces callejeros más populares de Vietnam.
Variantes regionales: Banh Ran y Banh Cam
A medida que se recorre Vietnam de norte a sur, este popular pastelillo de naranja adopta diferentes nombres y presenta pequeñas variaciones que reflejan las costumbres culinarias de cada región.
En el norte, especialmente en Hanói, se conoce como banh ran. Suele elaborarse en un tamaño ligeramente más pequeño y con una mayor proporción de harina de arroz glutinoso, lo que le aporta una textura más elástica y masticable. La versión salada, rellena de carne y fideos transparentes, es particularmente apreciada durante los fríos meses de invierno.
En el centro, en ciudades históricas como Huế y Hội An, es habitual encontrar piezas de forma aplanada, similares a discos gruesos, en lugar de las tradicionales esferas. Algunos vendedores incorporan batata o taro local a la masa, consiguiendo una corteza aún más ligera y crujiente tras la fritura.
En el sur, sobre todo en Ciudad Ho Chi Minh, recibe casi exclusivamente el nombre de banh cam, que significa literalmente «pastelillo de naranja». Su color dorado y la superficie cubierta de semillas de sésamo recuerdan a una pequeña naranja madura. Esta variante es prácticamente siempre dulce, con una fina capa exterior muy quebradiza y un relleno generoso de judía mungo y coco rallado, de sabor más intenso y azucarado.

¿A qué sabe el pastelillo de naranja vietnamita?
Probar un banh ran recién salido del aceite es una experiencia que combina aromas, texturas y sabores en cada bocado.
Lo primero que se percibe es el sonido crujiente de la corteza exterior al romperse. Debajo aparece una capa de masa tierna y ligeramente elástica, una característica proporcionada por la harina de arroz glutinoso, cuya textura recuerda en cierta medida a la del mochi japonés.
En la versión dulce tradicional, conocida como banh ran vung, predominan las notas suaves y cremosas del relleno de judía mungo, acompañadas de un dulzor equilibrado que no resulta empalagoso. En algunas recetas, el exterior se recubre con azúcar caramelizado o melaza, aportando un toque más intenso que contrasta agradablemente con el sabor neutro de la masa.
Las variedades saladas ofrecen una experiencia completamente distinta. El relleno de carne de cerdo condimentada aporta profundidad y matices umami, mientras que la combinación con hierbas frescas y una salsa agridulce ayuda a compensar la riqueza de la fritura y realza todos los sabores.
Quienes hayan probado las bolas de sésamo chinas, conocidas como Jian Dui, encontrarán ciertas similitudes en las versiones dulces vietnamitas. Sin embargo, el banh ran se distingue por una envoltura considerablemente más fina, un interior casi hueco y, sobre todo, por la existencia de variantes saladas que forman parte esencial de la gastronomía callejera vietnamita.
Diferentes tipos de pastelillos fritos en Vietnam
Al recorrer los mercados y calles de Vietnam, es fácil descubrir que los pastelillos fritos vietnamitas no se limitan a una sola receta. Cada región ha desarrollado sus propias versiones, adaptándolas a los gustos locales y alternando con naturalidad entre sabores dulces y salados.
Pastelillos dulces (Banh Ran ngot)
Se trata de la variedad más tradicional y la que la mayoría de los viajeros prueba por primera vez. Están elaborados con una fina masa de arroz glutinoso que envuelve un relleno dulce de judías mungo peladas, cocidas al vapor y trituradas hasta obtener una textura suave. En ocasiones, la mezcla se perfuma con vainilla o un toque de leche de coco.

Dentro de esta categoría destacan tres especialidades:
- Banh ran Vung: antes de freírse, la superficie de la masa se cubre por completo con semillas de sésamo crudas. Durante la cocción adquieren un aroma tostado irresistible y aportan un acabado crujiente y ligeramente untuoso.
- Banh ran Duong: una vez dorados, estos pastelillos se bañan en un almíbar de azúcar blanco caliente. Al enfriarse, el azúcar cristaliza y forma una delicada capa exterior blanca y quebradiza.
- Banh ran Mat: en lugar de azúcar refinado, se recubren con una espesa melaza elaborada a partir de caña de azúcar cocida. El resultado es un dulce tierno y elástico, con pronunciadas notas de caramelo y un sabor mucho más intenso.
Pastelillo frito relleno de carne (Banh Ran Man)
Para quienes prefieren las preparaciones saladas, esta variante típica del norte de Vietnam ofrece una experiencia completamente diferente. El relleno de pasta de judías mungo se sustituye por una mezcla sabrosa de carne picada, setas de oreja de madera, fideos de cristal y chalotas finamente troceadas, todo ello condimentado con especias locales.
A diferencia de las versiones dulces, los pastelillos vietnamita frito relleno de carne nunca se consumen solos. Tradicionalmente se cortan en pequeños trozos con tijeras de cocina y se sirven en un cuenco poco profundo, acompañados de una salsa templada agridulce preparada con salsa de pescado, vinagre de arroz, azúcar y chile. El plato suele completarse con tiras de papaya verde y zanahoria encurtidas, que aportan un agradable contraste de frescura y textura.
¿Dónde probar el mejor pastelillo de naranja en Vietnam?
Si desea descubrir el auténtico sabor del pastelillo de naranja vietnamita (banh cam), merece la pena alejarse de los desayunos de hotel y explorar los mercados y puestos callejeros donde este dulce se prepara siguiendo recetas transmitidas de generación en generación. Recién salido del aceite, con una corteza dorada cubierta de sésamo y un relleno suave de judía mungo, el banh cam ofrece una de las experiencias gastronómicas más representativas de Vietnam.
Mercados tradicionales de Hanói
Banh Ran O Quan Chuong
- Dirección: Esquina de las calles O Quan Chuong y Hang Chieu, distrito de Hoan Kiem, Hanói.
- Especialidad: Este pequeño puesto es una referencia entre los amantes de los dulces tradicionales de la capital. Aquí se elaboran diminutos banh cam cubiertos de semillas de sésamo, fritos al momento en grandes sartenes sobre la acera. Su exterior es extraordinariamente crujiente, mientras que el interior conserva una textura tierna y ligeramente elástica.
Banh Ran 52 Hang Chieu
- Dirección: 52 Hang Chieu, distrito de Hoan Kiem, Hanói.
- Especialidad: Muy popular entre los habitantes locales, esta tienda vende tanto banh cam como otras variedades de rosquillas vietnamitas. Los pastelillos destacan por su fina capa de masa, el relleno aromático de pasta de judía mungo y el delicado toque dulce del almíbar, convirtiéndolos en un tentempié perfecto para acompañar un té caliente.

Puestos callejeros de Ciudad Ho Chi Minh
De Nhat Banh Cam
- Dirección: 47C Nguyen Phi Khanh, barrio Tan Dinh, Distrito 1, Ciudad Ho Chi Minh.
- Especialidad: Conocido por sus famosas banh cam lac, este establecimiento prepara una versión singular en la que el relleno se desprende ligeramente de la corteza durante la fritura. Al agitar el pastelillo, se percibe un sonido característico que le ha dado fama entre los aficionados a la comida callejera del sur de Vietnam.
Banh Cam – Banh Chung Chi Dau
- Dirección: 710/3 Phan Van Tri, barrio 10, distrito de Go Vap, Ciudad Ho Chi Minh.
- Especialidad: Situado en una zona apreciada por sus aperitivos tradicionales, este negocio ofrece pastelillos de naranja recién hechos durante todo el día. Sus vitrinas exhiben montones de banh cam dorados, recubiertos de sésamo y ligeramente glaseados con jarabe de azúcar, ideales para degustar mientras se pasea por la ciudad.
Pastelerías especializadas en dulces vietnamitas
Además de los mercados y vendedores ambulantes, varias pastelerías artesanales elaboran versiones más refinadas del banh cam. Establecimientos familiares en barrios históricos de Hanói, como Hang Đuong o Hang Buom, producen pequeñas cantidades cada mañana utilizando ingredientes seleccionados y métodos tradicionales. Estas direcciones son una excelente opción para quienes buscan descubrir la repostería vietnamita en un entorno más tranquilo, sin renunciar al sabor auténtico de este emblemático dulce crujiente.
¿Cuánto cuesta el pastelillo de naranja vietnamita?
Uno de los mayores encantos de descubrir la gastronomía callejera de Vietnam es comprobar que es posible degustar especialidades deliciosas a precios muy accesibles. El pastelillo de naranja vietnamita (banh cam) continúa siendo uno de los bocados dulces más económicos y apreciados tanto por los habitantes locales como por los viajeros.
- Pastelillo de naranja (cubierto de sésamo o azúcar): entre 3.000 y 5.000 VND por unidad (aproximadamente 0,12 – 0,20 USD).
- Pastelillo de naranja con melaza de caña: de 5.000 a 7.000 VND la pieza (unos 0,20 – 0,28 USD).
- Pastelillo vietnamita frito relleno de carne: entre 15.000 y 25.000 VND por ración (alrededor de 0,60 – 1,00 USD), normalmente servida con dos o tres piezas troceadas, salsa para mojar y verduras encurtidas.
Con menos de un dólar estadounidense, es posible disfrutar de una auténtica pausa gastronómica al estilo vietnamita, sentado en un pequeño puesto callejero mientras se observa el bullicio cotidiano de las ciudades y mercados locales.

Consejos para disfrutar el pastelillo de naranja vietnamita como un local
Si quieres vivir una auténtica experiencia de comida callejera en Vietnam, estos consejos te ayudarán a saborear el pastelillo de naranja vietnamita en su mejor momento.
Elige la hora adecuada: La mejor franja horaria para comprar estos dulces es entre las 15:00 y las 17:00 horas, cuando los vietnamitas suelen hacer una pausa para la merienda. A esa hora, muchos vendedores preparan nuevas tandas recién fritas, con una corteza dorada y crujiente que conserva todo su aroma.
Busca puestos concurridos y aceite recién utilizado: Un truco infalible es fijarse en los puestos donde se ve el aceite burbujeando y donde se reúnen numerosos clientes locales, especialmente aquellos que llegan en motocicleta para llevarse bolsas de pastelillos aún calientes. Evita las vitrinas con piezas expuestas durante mucho tiempo, ya que pierden parte de su textura crujiente. La alta rotación es garantía de frescura y calidad.
Las bebidas que mejor acompañan este dulce tradicional: El delicado sabor cítrico del relleno combina perfectamente con un café vietnamita negro con hielo, cuyo amargor equilibra el dulzor del postre. Quienes prefieran una opción más ligera pueden acompañarlo con una taza de té verde caliente, muy apreciado por los vietnamitas durante la merienda.
Adopta las costumbres locales: En muchos puestos callejeros encontrarás pequeñas sillas de plástico colocadas junto a la acera. Toma asiento, disfruta del ambiente cotidiano de la ciudad y come pastelillo con las manos mientras aún está tibio. Es la forma más sencilla y auténtica de integrarse en la cultura gastronómica vietnamita y descubrir por qué este dulce crujiente sigue conquistando a generaciones de habitantes y viajeros.
¿Por qué el pastelillo de naranja enamora a viajeros de todo el mundo?
El pastelillo de naranja conquista a quienes lo prueban gracias a su armonioso equilibrio de sabores. La fina capa exterior, dorada y cubierta de semillas de sésamo, ofrece un agradable aroma tostado que combina a la perfección con el relleno suave y ligeramente dulce de judías mungo. El resultado es un bocado crujiente por fuera y delicadamente cremoso por dentro.
Otro de sus grandes atractivos es su precio asequible y la facilidad con la que puede encontrarse en Vietnam. Se vende en mercados tradicionales, puestos callejeros y pequeñas panaderías locales, permitiendo a cualquier viajero disfrutar de este dulce típico por muy poco dinero.
Más allá de su sabor, degustar un banh cam es una manera auténtica de acercarse a la gastronomía vietnamita. Este popular pastelillo refleja la sencillez de la cocina callejera del país y ofrece una experiencia culinaria capaz de conectar a los visitantes con las costumbres y la vida cotidiana de la población local.

Conclusión
El banh cam es mucho más que un simple pastelillo frito: representa la riqueza de la repostería popular vietnamita y el saber hacer transmitido de generación en generación. Su textura crujiente, su delicado relleno y su irresistible aroma a sésamo lo convierten en un dulce apreciado tanto por los habitantes locales como por los visitantes extranjeros. Si tienes la oportunidad de viajar a Vietnam, no dudes en probarlo en un mercado tradicional o en un puesto callejero. También puedes prepararlo en casa para descubrir, a través de cada bocado, uno de los sabores más auténticos y entrañables del país.
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